Tuesday, May 17, 2011

Pachuco

Le gustaba vestir con pantalón holgado, aunque ceñido de la cintura y en los tobillos, un saco largo con amplias solapas, y hombros amplios, acolchados, también usaba un sombrero adornado con una pluma, el pantalón lo usaba con tirantes y una larga cadena en el costado derecho.


No era común encontrar a gente que vistiera así, por eso era conocido en el barrio por su afición a la época de oro, y en especial al pachuco del cine mexicano.


Era una epoca muy distinta, la vestimenta formal había cambiado en los jóvenes, lo común era verlos en la calle con pantalón de mezclilla, playera y tennis. Los bailes y tugurios de aquella época habían cambiado por antros y clubes para caballeros. La variedad de los negocios nocturnos ya no consistía en un grupo que tocaba un ritmo guapachoso para que la cabaretera, con vestimentas de lentejas y adornos, se luciera ante un publico que asistía para ver un show de baile y música, donde las mujeres bailaban de a cachetito con los asistentes por una ficha que cambiaba por dinero en la caja. Dichos lugares díficilmente se encontraban hoy en día.


La preferencia de los caballeros había cambiado por una mujer que sube a una pista y al ritmo de la canción de moda mueve su cuerpo semidesnudo, con el propósito de ser solicitada para un privado y así poder ganarse la vida.


A sus 23 años, él era distinto a los chavos de la época, gustaba de los buenos ritmos e iba a los salones de baile en busca de un buen mambo. Encontró grupos que tocaban en bares y foros pequeños, donde podía ver a gente de su edad con vestimenta de antaño que bailaban swing y boogie.


Fiel a su afición, o talvez por seguir la corriente, de la época de oro, estaba enamorado de una chica de familia humilde, conocida mejor como Rosita.


El padre de ella tenía una tintorería en el barrio, en la que Julián llevaba sus trajes para mantenerlos en buen estado. Siempre los llevaba cuando ella estaba, aunque jamás la invitaba a salir, ni siquiera le podía hacer algo de platica.


De mala cara, el padre siempre le llamaba por el apodo que se había ganado por su afición y vestimenta, "Tontín". No le gustaba que fuera a ver a su hija, lo consideraba un vago sin oficio ni beneficio, aunque lo conocía desde que había nacido. Esperaba un hombre de clase para ella.


Su mala fama la debía a la poca estabilidad en un trabajo fijo, era un chambitas que sabía todos los oficios, no había tenido oportunidad de continuar sus estudios, pero era ahorrador y chambeador, con eso había conseguido sus trajes, hechos por un sastre, tío suyo que no le cobró la mano de obra. Su tesoro más preciado.

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