Thursday, May 19, 2011

Pachuco 2

Todos los días se dirigía al Zócalo de la Ciudad, cargaba con un letrero de cartón en el que se podían leer las múltiples habilidades que tenía: "Electricista, plomero, carpintero, albañil y más". Tenía que transbordar una vez para llegar directo o bajarse en Bellas Artes y caminar hasta su destino, dependía de su humor y de las ganas que tenía de caminar entre el tumulto de gente que a diario invadía las calles del centro.


Siempre con su gorra hacía atrás, pantalón de mezclilla desgastado y un poco roto que utilizaba para las chambas que le cayerán durante el día. Siempre esperaba fuera de la catedral a que llegará alguien que lo contratara, con eso sacaría para la semana y talvez una salida nocturna el fin de semana. Usualmente se le encontraba leyendo un comic de Memin Pingüin ya desgastado por los años que llevaba con él y su repetido uso, sin embargo no se cansaba de los 372 capítulos de la edición de 1961, coleccionada por su padre y heredada en vida.


Julián disfrutaba del colorido del centro y su movimiento constante, veía con gran placer los bailes ceremoniales que remembraban sus raíces prehispánicas, recordando aquella ocasión cuando tenía 5 años y en el colegio lo habían hecho bailar con un penacho. Encontraba sumamente interesante observar el ir y venir de personas tan diversas, que gracias a su naturaleza coqueta y extrovertida podía conocer sin tapujos.


Se acercaba a ellos presentándose como una persona que viaja sin rumbo, deseoso de conocer gente nueva, creando cada día una historia nueva de su origen y su destino. En su imaginación, Julián había recorrido el mundo entero. Adoptaba los recuerdos de extraños como propios, los podía describir al siguiente día como si el hubiera vivido cada viaje que le compartían. Como buen Pachuco, manejaba un spanglish fluido que ayudaba a su comunicación con extranjeros y sobretodo conseguía la risa de las chicas que no entendían ni la mitad de lo que les decía.


Los sábados por la noche desempolvaba uno de sus trajes, vestía de pachuco y se preparaba para las fiestas que hubiera en las colonías cercanas, era popular con las chicas por su manera de vestir y bailar, se consideraba a si mismo poeta, y a ellas les fascinaba.


De vez en vez, iba con su carnal "el Pirulí" a la Cantina Dos Naciones, con el renombrado lema en la carta de bebidas "Ýo soy tan sabroso como mi copa". Lugar de la vieja escuela en el que sirven comida con la bebida, atendidos por meseras de minifaldas que bailan con uno por una ficha. Era el cliente favorito de Lupita, siempre le daba la mesa junto a la pista y se sentaba a tomar con él un jaibol mientras platicaban de lo lento que se veía el negocio esa noche.

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