Thursday, May 26, 2011

Pachuco 3

Eran las 5 de la tarde y aún no había ido por su traje, tenía el teléfono para la entrega a domicilio pero no quería perder la oportunidad de ver a Rosita, necesitaba terminar el encargo de su mamá y no tenía mucho tiempo. Al final se tuvo que resignar a la idea. Tomó el teléfono, sonó tres veces antes de ser atendido, esperaba la voz rasposa del dueño, aunque contrario a esto, contestó la madre. Ella lo conocía desde pequeño, difería su opinión a la de su esposo, lo consideraba un buen muchacho alejado de problemas aunque un poco vicioso.


Le saludó cariñosamente y Julián de manera educada respondió a las preguntas referentes a su familia y lo que hacía para ganarse la vida. Ella lamentaba mucho lo que le había ocurrido a su padre años atrás, había truncado mucho de lo que podía haber hecho un muchacho con sus ganas. Julián no sabía como cortar la conversación, seguía con prisa y quería perder tiempo para la pachanga de esa noche.


Finalmente ella terminó con la pregunta que él quería escuchar: ¿En qué te puedo ayudar hijo?. En ese momento le mencionó que necesitaba le mandarán su traje. Ella vaciló un poco, mencionó que no estaba su marido ni su hijo, vería si su hija se lo podría llevar o que le esperará a que cerrarán para llevárselo en persona, aprovecharía para platicar un poco con su madre. Al ver que podía encontrarse con Rosita sin la presencia imponente de su padre, mencionó que no se encontraba su madre y que tenía un poco de prisa en tenerlo, ya que estaba por salir. Terminaron la llamada, aunque solo se despidieron con un "deja veo que puedo hacer".



No se pudo concentrar después de la llamada, solo pensaba que podía llegar en cualquier momento Rosita, tendría que cambiarse, estaba sucio y poco presentable, la facha era la menos apropiada para recibirla, tenía pintura en el pantalón y la playera con un agujero. Se dirigió al baño, se lavó los dientes, se echó agua en la cara, no tenía tiempo para quitarse los tres pelos de barba que le salían. Buscaba una playera limpia en su cuarto pero no veía nada que no tuviera alguna mancha de grasa o alguna quemadura, las que encontró limpias eran la del Atlas que le regalaron por error años atrás y su pijama. En ese momento sonó el timbre y por la prisa tomó la pijama a cuadros, corrió a la puerta y sin preguntar quién tocaba la abrió con una sonrisa en la cara.



El Pirulí entró en el momento que vió la puerta abierta, y fiel a su costumbre y su buena amistad, saludó dirigiéndose a la cocina para revisar que podía consumir del refrigerador. Regresó decepcionado y reclamando que no tenía nada para quitarse la sed, que se rifará con un pisto, le dijo que esperaba que ya estuviera listo para irse a la fiesta. Tardó en notar que traía la pijama puesta, le preguntó si se sentía mal o que si no iría al baile. Continuaba hablando sin darle tiempo a Julián a responder, cuando sonó de nueva cuenta el timbre. El Pirulí sintiéndose en casa, estaba por abrir la puerta cuando Julián lo empujó haciéndo que cayera al piso mientras él abría con la mejor cara que tenía.


Rosita se encontraba fuera de su puerta con el traje en la mano.

Thursday, May 19, 2011

Pachuco 2

Todos los días se dirigía al Zócalo de la Ciudad, cargaba con un letrero de cartón en el que se podían leer las múltiples habilidades que tenía: "Electricista, plomero, carpintero, albañil y más". Tenía que transbordar una vez para llegar directo o bajarse en Bellas Artes y caminar hasta su destino, dependía de su humor y de las ganas que tenía de caminar entre el tumulto de gente que a diario invadía las calles del centro.


Siempre con su gorra hacía atrás, pantalón de mezclilla desgastado y un poco roto que utilizaba para las chambas que le cayerán durante el día. Siempre esperaba fuera de la catedral a que llegará alguien que lo contratara, con eso sacaría para la semana y talvez una salida nocturna el fin de semana. Usualmente se le encontraba leyendo un comic de Memin Pingüin ya desgastado por los años que llevaba con él y su repetido uso, sin embargo no se cansaba de los 372 capítulos de la edición de 1961, coleccionada por su padre y heredada en vida.


Julián disfrutaba del colorido del centro y su movimiento constante, veía con gran placer los bailes ceremoniales que remembraban sus raíces prehispánicas, recordando aquella ocasión cuando tenía 5 años y en el colegio lo habían hecho bailar con un penacho. Encontraba sumamente interesante observar el ir y venir de personas tan diversas, que gracias a su naturaleza coqueta y extrovertida podía conocer sin tapujos.


Se acercaba a ellos presentándose como una persona que viaja sin rumbo, deseoso de conocer gente nueva, creando cada día una historia nueva de su origen y su destino. En su imaginación, Julián había recorrido el mundo entero. Adoptaba los recuerdos de extraños como propios, los podía describir al siguiente día como si el hubiera vivido cada viaje que le compartían. Como buen Pachuco, manejaba un spanglish fluido que ayudaba a su comunicación con extranjeros y sobretodo conseguía la risa de las chicas que no entendían ni la mitad de lo que les decía.


Los sábados por la noche desempolvaba uno de sus trajes, vestía de pachuco y se preparaba para las fiestas que hubiera en las colonías cercanas, era popular con las chicas por su manera de vestir y bailar, se consideraba a si mismo poeta, y a ellas les fascinaba.


De vez en vez, iba con su carnal "el Pirulí" a la Cantina Dos Naciones, con el renombrado lema en la carta de bebidas "Ýo soy tan sabroso como mi copa". Lugar de la vieja escuela en el que sirven comida con la bebida, atendidos por meseras de minifaldas que bailan con uno por una ficha. Era el cliente favorito de Lupita, siempre le daba la mesa junto a la pista y se sentaba a tomar con él un jaibol mientras platicaban de lo lento que se veía el negocio esa noche.

Tuesday, May 17, 2011

Pachuco

Le gustaba vestir con pantalón holgado, aunque ceñido de la cintura y en los tobillos, un saco largo con amplias solapas, y hombros amplios, acolchados, también usaba un sombrero adornado con una pluma, el pantalón lo usaba con tirantes y una larga cadena en el costado derecho.


No era común encontrar a gente que vistiera así, por eso era conocido en el barrio por su afición a la época de oro, y en especial al pachuco del cine mexicano.


Era una epoca muy distinta, la vestimenta formal había cambiado en los jóvenes, lo común era verlos en la calle con pantalón de mezclilla, playera y tennis. Los bailes y tugurios de aquella época habían cambiado por antros y clubes para caballeros. La variedad de los negocios nocturnos ya no consistía en un grupo que tocaba un ritmo guapachoso para que la cabaretera, con vestimentas de lentejas y adornos, se luciera ante un publico que asistía para ver un show de baile y música, donde las mujeres bailaban de a cachetito con los asistentes por una ficha que cambiaba por dinero en la caja. Dichos lugares díficilmente se encontraban hoy en día.


La preferencia de los caballeros había cambiado por una mujer que sube a una pista y al ritmo de la canción de moda mueve su cuerpo semidesnudo, con el propósito de ser solicitada para un privado y así poder ganarse la vida.


A sus 23 años, él era distinto a los chavos de la época, gustaba de los buenos ritmos e iba a los salones de baile en busca de un buen mambo. Encontró grupos que tocaban en bares y foros pequeños, donde podía ver a gente de su edad con vestimenta de antaño que bailaban swing y boogie.


Fiel a su afición, o talvez por seguir la corriente, de la época de oro, estaba enamorado de una chica de familia humilde, conocida mejor como Rosita.


El padre de ella tenía una tintorería en el barrio, en la que Julián llevaba sus trajes para mantenerlos en buen estado. Siempre los llevaba cuando ella estaba, aunque jamás la invitaba a salir, ni siquiera le podía hacer algo de platica.


De mala cara, el padre siempre le llamaba por el apodo que se había ganado por su afición y vestimenta, "Tontín". No le gustaba que fuera a ver a su hija, lo consideraba un vago sin oficio ni beneficio, aunque lo conocía desde que había nacido. Esperaba un hombre de clase para ella.


Su mala fama la debía a la poca estabilidad en un trabajo fijo, era un chambitas que sabía todos los oficios, no había tenido oportunidad de continuar sus estudios, pero era ahorrador y chambeador, con eso había conseguido sus trajes, hechos por un sastre, tío suyo que no le cobró la mano de obra. Su tesoro más preciado.