T: A ver aquí quién despacha, aquí señor, un tequila
M: Que quiere?
T: Un tequila, antes de que empiecen los trancazos.
M: Secillo?
T: No, doble.
M: Doble?
T: No, mejor no doble.
M: Sencillo?
T: No, triple y antes de que empiecen los trancazos.
...
El sabor de una cantina es inconfundible, el alcohol, la comida, el cigarro, la plática, la música, la mesa de junto jugando dominó y un ambiente muy tranquilo para cualquier persona que busqué un excelente momento junto con sus amigos.
Nunca falta el bolero ofreciendo grasa hasta al que trae tenis, y el boletero ofreciendo el bueno para el sorteo del domingo.
No fue la primera cantina que visité, pero es la primera a la que le encuentro sentido. Un par de puertas abatibles ayudan a dejar atrás los problemas del trabajo y ayudan a relajarse junto con los amigos, en mi caso los de la oficina, y gracias al calor de las copas, los traes de vuelta pero no en un sentido de querer recordarlos, al contrario, es una manera de asimilar la frustración que se puede ir presentando día a día, o simplemente una queja por la curiosa y en ocasiones inexplicable manera de desempeñarse de los jefes.
El alcohol hace que uno tenga cierta hermandad con la gente, no importa donde sea el lugar, ayuda a que uno se desinhiba y sea afectivo, ya que la facha de una persona consiente obliga a no poder mostrarse vulnerable en un mundo que solo parece aprovechar los momentos de flaqueza.
Sin más por el momento solo me puedo despedir de una manera. Salud!!!
...
M: Oiga cuáles trancazos?
T: Pues lo que va a haber.
M: A que hora?
T: a la hora que se de cuenta que no traigo pa' pagarle.
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